Curiosidades sobre la Naranja de Sevilla (I)

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Cuenta la leyenda que el héroe de origen griego Hércules es el fundador mitológico de la ciudad de Sevilla. Su figura llegó a la actual tierra sevillana sobre el año 1.000 antes de Cristo como parte de los primeros navegantes fenicios que arribaron España. El mito de Hércules es conocido por todos los sevillanos por ello, pero la historia lo recuerda especialmente a partir de la leyenda de los doce trabajos que le encomendó su envidioso primo Euristeo. 

Hercules
Hércules, fundador mitológico de Sevilla, separó Europa y África antes de robar «naranjas» del jardín de las Hespérides

La undécima de sus labores consistía en robar la «manzana de oro» del Jardín de las Hespérides. Se pensaba que este fruto, que algunos identifican con las naranjas, otorgaba la inmortalidad. Pero no fue fácil para Hércules hacerse con la preciada pieza. Tuvo que viajar hasta un lejano jardín situado cerca de la cordillera del Atlas en el Norte de África y robar la ansiada «manzana dorada» después de superar, eso sí, a Ladón, el feroz dragón de cien cabezas que la protegía. 

Tras estos dos trabajos el encargo de Euristeo estaba prácticamente cumplido. Sólo quedaba capturar al perro de tres cabezas Cerbero y sacarlo de los infiernos. Pero, quién sabe si antes de terminar con sus tareas no decidió Hércules recuperar fuerzas descansando en la ciudad de Sevilla portando consigo «la manzana dorada» de la inmortalidad?

 Más allá de diatribas mitológicas, la historia cuenta que las naranjas son el fruto de los árboles cítricos de origen chino que los comerciantes genoveses introdujeron en Europa durante el siglo X. Existe la certeza de que fueron los musulmanes quienes impulsaron en España el cultivo de la naranja y la creencia de que no lo hicieron interesados en su belleza, su olor, ni sus frutos. Cuando el árbol se importa de China lo acompaña la tradición de que aseguraba la felicidad de su dueño. Ese pudo ser, se piensa, el motivo principal de su rápida expansión por Al-Andalus.

 Puede sonar descabellado, pero esta superstición cobra cierto sentido si se contextualiza. En torno al siglo X el imperio musulmán ya ocupaba buena parte de la península ibérica, sin embargo el Califato de Córdoba o de Occidente pasaba por un periodo de decadencia que llevaría a fragmentar el Estado omeya en multitud de reinos conocidos como taifas . Poco después, en 1039, nacía Al-Mutamid, rey taifa de Sevilla, quien logró devolver cierto esplendor cultural a la ciudad. Si esta eclosión del imperio musulmán estuvo acompañado por el florecimiento del azahar en los naranjos que se extendían por las orillas del Guadalquivir solo la Historia lo conoce.

De igual modo, solo un viaje pasado podría confirmar si es cierto o no que Ibn Ammar, el favorito de Al-Mutamid, mordía hojas de naranjo mientras disputaba su célebre partida de ajedrez con Alfonso VI de León, con quien el rey taifa había apostado el destino de la ciudad durante el asedio que el rey cristiano mantenía sobre Sevilla en el año 1078. Lo que si está constatado es que apenas un siglo después de estos hechos, entre 1172 y 1186, los naranjos entraron a formar parte importante de la religión musulmana en Isbiliya…

CONTINUARÁ…

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